El blog de literatura renacentista


El blog de literatura renacentista

Publicación de los alumnos de la licenciatura en Letras Hispánicas de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (Gen. 2011-2015)

viernes, 18 de mayo de 2012

Reseña


Siempre he creído y seguiré creyendo que una película basada en un libro jamás podrá trasmitir o hacer sentir lo que un libro te hace sentir. Una película por muy buena que sea nunca tendrá comparación con un buen libro. 

     La obra de Fernando de Rojas, La Celestina, fue llevada a la pantalla grande por el director Gerardo Vera en 1996. Protagonizada por Penélope Cruz, que da vida a la hermosa de Melibea, Juan Diego Botto, que interpreta al enamoradísimo Calisto y Terele Pávez, que hace a la alcahueta de Celestina. Actores secundarios: Maribel Verdú (Areúsa), Candela Peña (Elicia), Jordi Molla (Pármeno), Nancho Novo (Sempronio), Nathalie Seseña (Lucrecia), Lluis Homar (Pleberio), Ana Lizaran (Alisa), Sergio Villanueva (Tristán), Carlos Fuentes (Sosia), Ángel de Andrés López (Centurio) y Rodrigo García (Crito).

     Este filme no rompe la secuencia de la historia. La sigue tal cual está en el libro, aunque omite y resume demasiado los diálogos de los personajes. Los monólogos igual son resumidos a unas cuantas líneas. Esta brevedad en las conversaciones de los actores no quita los elementos importantes, ya que las cuestiones significativas de la obra sí se dan a notar a través del transcurso de la película. Otra diferencia que se puede apreciar son los cambios de escenarios. En la cinta hay unos cuantos escenarios que no aparecen en la obra de Fernando de Rojas, también hay conversaciones que se dan cuando los personajes se encuentran haciendo alguna actividad y en cambio en el libro estas charlas se llevan en total sosiego.

     Las locaciones en donde se filmó la cinta son muy acertadas, ya que llevan al espectador a la Edad Mediad. Los escenarios como castillos, calles y mercados dan una total ambientación de aquellos tiempos, al igual que las vestimentas y la música que no para en toda la película, son una combinación perfecta para envolver al amante de las películas medievales. Diría que las locaciones, el vestuario y la música son de las cosas que se pueden rescatar de esta cinta.      

     Las únicas actuaciones que yo creo convincentes y buenas son la de Terele Pávez (Celestina) y la de Maribel Verdú (Areúsa). La primera es una actriz que se metió de lleno en su papel. Sus diálogos y gestos son hipnotizadores. Muestra con una gran realidad a una vieja alcahueta y conocedora de la vida. La segunda llena la pantalla de sensualidad y de escenas totalmente eróticas, pero también su actuación es muy buena al reflejar a una ramera con ambiciones y al final a una mujer con una sed de venganza por el asesinato de su proxeneta. De ahí en más siento que los otros actores no sobresalen en sus interpretaciones.

     La película no llena todos los requisitos para ser un gran filme. Sin embargo, sirve para complementar y tener un mejor entendimiento de la obra de Fernando de Rojas. Así que si tienes la oportunidad, el tiempo y la disposición sería bueno que la vieras y entonces tú podrías hacer una crítica buena o mala, y recomendar o no recomendar esta película de La Celestina.

Erwin Alonso Ramírez

Soneto a la CELESTINA de Fernando de Rojas


Tú pones a tus curiosos lectores
Con tú tragicomedia  algo extraña
A analizar tú hermosa obra patraña
Y a tus pobres cultos conocedores

De tus dichos con segura migraña
En tus tantos actos son los actores
Que brindan elegancia y muchos humores
Y a tus personajes mucha artimaña

Que para bien o mal son argumentos
De tus creados y tu astuta hechicera
Para engañar a sus calenturientos

Obteniendo oro por su gran manera
Por chantajear a los nobles hedientos
Que en lujuria acaban sus sentimientos.

Luis G. González Vázquez.

martes, 15 de mayo de 2012

De cuentos y supersticiones


La vieja Celestina se encontraba caminando por las antiguas y polvorientas calles del aun más añejo pueblo. El sol se ocultaba de ella entre las nubes, o al menos eso es lo que se creía en esos días, aportando una ligera luminiscencia que en estos tan calurosos tiempos se agradecía mucho. Mientras la anciana caminaba entre callejones y pasadizos con su cesta rebosante de hierbajos colgando de su mano izquierda, los transeúntes se apartaban agachando la cabeza o se metían en casas y negocios; su canoso pelo en cascada se movía con la suave brisa iba vestida con un roído vestido del color de la leche agria, así como con unos alpargatas ya casi sin suela. Los niños que se encontraban con ella hacían una de dos cosas: la primera, salían despavoridos entre sollozos; la segunda, le gritaban palabrotas y le arrojaban comida podrida; a lo que la vieja bruja respondía con una gran carcajada que los obligaba salir corriendo también.
            Mi madre me contaba que esa mujer era tan vieja que cuando ella era niña ya le decían vieja y antes que ella, mi abuela había dicho lo mismo. A mí eso me parecía y aun me parece una exageración pero qué razón tendría mi madre para mentir; mi padre decía que había llegado de un lejano lugar hace más de cien años. Pero la verdad es que nadie sabía a ciencia cierta de dónde venía ni cuantos años tenía, lo que sí sabían bien era que si querían un elixir para el amor, curar lo tullido, el dolor de pies o hasta embrujar a alguien, a ella tenían que acudir.
            Un día la seguí por las afueras del pueblo hasta una pequeña casita con una chimenea de piedra negra. La vieja entró con calma por debajo del portal, yo como pude la seguí hasta dentro. Por fuera parecía derruida, pero por dentro se encontraba llena de adornos caros y porcelanas orientales. La mujer salió detrás de mí, proyectando una sombra amenazante. - ¿Qué haces aquí? -. Susurró en mi oído - ¿Quién eres y qué buscas? -. Yo, con el corazón latiendo como loco me fui rotando sin despegar la mirada, y conforme me giraba, sentía más una esencia extraña en ella. Me quede lleno de sorpresa, pues estaba experimentando sensaciones que ni siquiera había imaginado. Ya no sentí más miedo, y así, quedé a unos tres pasos de la anciana. - Soy Juan -. dije ya mas determinado. – Quer… quería saber… -¿Sí? -. me respondió. - ¿De dónde es usted? - la vieja me vio con una mirada divertida. - De donde los arboles cantan y charlan consigo mismos -. me dijo con un tono de voz divertido. - ¿Es una bruja? -. le pregunté. - No, pero si quieres te puedo contar qué soy -. me dijo en tono cada vez más alegre. Le contesté con un asentimiento. - Entonces escucha con atención -. No tuve otra opción más que obedecerle, Serré los ojos y entonces ella empezó a murmurar algo que no entendí, parecía que hablaba en otra lengua, me dispuse a preguntarle qué estaba haciendo, pero antes de que pudiera hablar vi una luz  brillante a través de mis párpados y después sentí como si cayera por un precipicio. Caí en algo duro como roca, luego, todo a mí alrededor se sentía frío, y quedé inconsciente.

Aram Alfredo Hernandez Martín.

sábado, 12 de mayo de 2012

Con sabor español


El arte culinario renacentista español, es una gran fuente de datos culturales que nos aporta imágenes acerca de cómo era la vida en dicha época. El buen comer ha ido evolucionando a medida que lo ha hecho el hombre.

         Los diversos ingredientes y artefactos que se han ido inventando o perfeccionado a través del tiempo para transformar los alimentos, han conseguido mejorar el sabor de la comida y que ésta sea no sólo un medio de sustento, sino también un medio de goce y satisfacción. La llegada del Renacimiento marcó un hecho muy importante en este aspecto y es interesante conocer cómo se desarrolló en España, la cual se considera renacentista casi dos siglos después que Italia, justo al principio del Siglo de Oro Español.
         Con la llegada de este renacer cultural, comer empieza a ser casi un arte, y hasta fue considerada un enaltecimiento del poder, ya que se convirtió en un instrumento de goce y en uno de los elementos de diferenciación social más distintivos.
         Al principio del Renacimiento, casi todas las cocinas de Europa estaban influenciadas por las cocinas romana o árabe, y en la zona mediterránea por las dos. A partir de aquí todos los países comienzan a dar su toque personal a su forma de cocinar, ya que no era tan común ni tan fácil el intercambio de productos, sino que eran decisivos los aspectos climáticos, tipos de suelo, sequías, etc. Cada región tenía sus propias grasas, endulzantes y especias para sazonar su comida. En España la dominación árabe marca sus peculiaridades alimenticias, lo cual, inevitablemente constituye una fuente de influencia para la cultura española                                
         Con el progreso y la comunicación entre países, la comida y estilo de comer borgoñona se implanta en la corte española con el Emperador Carlos, a la vez que asume los platos de influencia italiana, aragonesa y catalana inspirados en los libros de Ruperto de Nola y anteriormente del Sent Soví.[1]
         Por otra parte la obligación religiosa del ayuno y la abstinencia condicionaron la vida de los ciudadanos en cuanto a cómo y qué comer esos días, debiéndose elaborar platillos específicos.

Hay que tener en cuenta también, la enorme importancia que daban los médicos de la época a la comida como sanadora de enfermedades y la confección de medicinas, como los “electuarios” que eran elaborados alimentos mezclados con hierbas y diversas raíces.
         La cocina española carecía de tomate, pimiento, tomatillo y papas. A pesar de eso,  en esa época había una cocina espléndida, elaborada con gran diversidad de alimentos, fundamentalmente carne de carnero, aves y pescados en aquellos lugares donde era posible obtenerlos en fresco, (incluso en ocasiones platos hechos con los pescados secos o ceciales). Se utilizaba grasa de animales (cerdo generalmente) para cocinar, mucha cebolla, especias, hierbas para sazonar y aderezar, una gran mezcla de sabores dulces y agrios, se empleaba el carnero como ingrediente estrella entre las carnes, se usaba moderadamente la carne de caza, se utilizaba abundantemente la almendra seca o en forma de leche y el aderezo final de muchos platos tenía canela y azúcar. También se utilizaban las especias para condimentar y atenuar los malos olores producidos por alimentos en mal estado, pero también eran útiles para conservar carne, frutas y en la preparación de adobos junto con la miel, los agrios, las frutas y multitud de hierbas aromáticas, lo que aunado a la gran cantidad de técnicas de cocina que se conocían hasta entonces, posibilitaban la idea de preparar la comida de forma elegante y sofisticada.
         De la cocina española del Renacimiento surge la “cocina mediterránea”, aunque no realmente como la concebimos ahora. Una cocina a base de verduras, legumbres, pocas proteínas animales, rica en pescados, aceite de oliva en abundancia, mucha fruta y poco queso era imposible en esa época, y mucho menos la presencia de ciertos elementos que hoy priman en esta denominación de "mediterránea" como son el tomate, el pimiento y la patata.
         Lo mejor para apreciar lo que era la cocina del Renacimiento es conocer una receta de Ruperto de Nola de un plato que sería famosísimo en la época y que el destacado cocinero denominaba “Mirrauste”:



Tomar almendras tostadas majadas con un migajón de pan remojado con buen caldo que quede bien espeso y después vaya al fuego con una onza de canela, luego tomaras palominos y cuando estén medio asados se quitan del fuego y se cortan en pedazos que pondrás a cocer con la salsa antes hecha añadiéndole azúcar y gordura de la olla dentro de la salsa. Una vez cocido poner las tajadas de las aves con su salsa sobre un plato en forma de escudilla y encima poner azúcar y canela y así se hace el mirrauste perfecto.

Esta receta de Nola  define con exactitud cómo era la cocina de aquella época y es un pequeño ejemplo de lo que fue una cocina creativa y rica, con múltiples sabores en desarrollo un poco contrapuestos para los gustos actuales.

Ana Laura Zermeño Cuéllar.



[1] (1324) Es un recetario de cocina medieval de autor anónimo y escrito en catalán. Se dispone de dos copias manuscritas originales, que se encuentran en la actualidad en la Universidad de Valencia y el la Biblioteca Universitaria de Barcelona. Fue publicado por primera vez en el año 1952.

jueves, 3 de mayo de 2012

Mediante el lente de la ciencia… mediante el lente de la magia.
Podemos imaginar un cielo trazado con inflamadas líneas áureas que plasman extravagantes dibujos uniendo las estrellas y guardando medidas respecto a los astros; tal vez una cabra, un toro, unos gemelos, un cangrejo, un león, una doncella, una balanza, un escorpión, un centauro, un hipocampo, un efebo derramando agua y unos peces en sincronía, como misteriosas imágenes influenciadas por los jeroglíficos egipcios o por algunos otros “sagrados” signos de alguna otra antigua civilización; junto a estos signos, una telaraña de medidas, orbitas y cadencias que advierten del paso de astros y cometas, y de las distancias entre ellos, incluso resaltando algunas estrellas, específicamente, para orientar, abajo, en la tierra o en el mar.
De todas estas orientaciones y de los detalladísimos ordenes del cielo también imaginemos que tienen el poder de encausar la soltura de los seres en la tierra con la misma potestad con que arrastran a los pesados y gloriosos astros en el cielo, pues existía un orden divino irrefutable que unía por sus analogías a las cosas en íntima coordinación; entonces tendremos que el paso del sol o cualquier otro astro por las casillas de los enigmáticos símbolos zodiacales ataría con su trayectoria a las piedras, las plantas, los animales y los aromas que estuvieran en estrecha relación con cada casilla, impregnando con sus rayos y vibraciones los sucesos cotidianos de esos periodos como el clima, los negocios, la guerra, el amor, y aún más interesante, los nacimientos; el paso del sol y los astros por las constelaciones impregnaban a su tiempo al humano, al igual que a toda creatura o cosa sobre la tierra o en el mar, es así que a los neonatos, el paso del sol por libra o tauro, los volvía bellos de aspecto y sensibles de pecho, pues ambas estaciones del zodiaco eran regidas por Venus, como también las dominadas por mercurio, géminis y virgo, al ser tocadas por el sol, otorgarían un carácter elocuente al niño y una facilidad para negociar.
Por estas leyes, al nacido bajo los rayos del sol filtrados por cáncer, dominado por la luna, le correspondía, aparte  de un carácter maternal e intuitivo, que la plata le fuera benevolente, así como la selenita entre las piedras.
Todo lo referido en estos primeros párrafos lo hubiera conocido con profundidad un astrólogo o cualquier adivino ávido a la realización de horóscopos, ya que incluso la influencia de los astros afectaba los meses, los días y las horas (información muy útil para el fabricante de amuletos y remedios diversos); y tal vez con no tanta extensión, pero sí  con claridad, cualquier hombre que presumiera de cultura  durante el Renacimiento, pues esta sabiduría astrológica ayudaba a explicar el proceder del destino para conocer, como a los vientos en el mar, la influencia más favorable y así poder decidir lo más adecuadamente posible.
Las estrellas, tenían atados a su brillo, como se mencionó antes, los meses, los días, las horas, las hierbas y las flores, las piedras y metales, y a los animales, además de influir en el humano sobre su carácter, sus habilidades y afinidades laborales e incluso eróticas, más  sobre los miembros del cuerpo y las entrañas, que ayudaba a los médicos de la época a prevenir enfermedades o cerciorarse sobre la causa de síntomas, y si los astros hacían fluir enfermedades y afectaciones, los astros tendrían la cura entre las plantas y minerales que tenían bajo su influencia; es poco antes del Renacimiento, durante toda la duración de éste y unos cuantos años más, el tiempo en el que la medicina entra en un último y pleno contacto con la alquimia y la botánica, además de con la magia, antes de llegar a la modernidad,  por supuesto, y durante el lapso en el que se recetan líquidos obtenidos de la refinación y mezcla de metales y químicos en general, hierbas, y amuletos.
El hombre tenía muy presenta  la imagen de Adán colocado en el Edén sobre todos los seres creados, sintiéndose con poder y luz para crecer, también inspirado por los clásicos para, al mismo tiempo, hacer contacto con la naturaleza, conociendo sus espíritus ocultos (sílfides, ondinas, pigmeos y salamandras), obteniendo de ella el conocimiento y la fuerza, la belleza y los moldes de perfección que también él ambicionaba, y ambiciona, llegar a hacer surgir de sus manos. Para esto necesitaba del favor de los astros y toda la Corte Celeste.
Hierofante de Hécate.

Doctor Theophrastus Phillippus Bombastus von Hohenheim (1493-1541).

http://plutonencapricornio.blogspot.mx/2012/01/paracelso-y-los-cuatro-elementos.html
DECAMERON, UNA CREACIÓN LLEVADA AL CINE
 No es que sea algo nuevo, la diferencia que ahora se presenta en este siglo moderno. Las personas, su ideología y perspectiva suelen ser más abiertas que antes. Es esencial con esto, decir que en la época medieval, la humanidad aún mantenía una mente cerrada y rígida por las jerarquías. Las maneras de expresarse eran acordes a la religión o a lo que lo que la burguesía imponía. Una situación bastante triste y difícil, para los que buscaban expresarse a como diese lugar. Pero… con la llegada del Renacimiento, este tipo de situaciones fueron disipándose, dando pauta a una manera distinta de pensar,  razonar y vivir.
            Hablando propiamente de la literatura, un arte consagrada a la palabra y manera de expresar, que mediante ella el autor para el lector, impone perspectivas y sentimientos en cada obra que estos crean. La literatura representa y se ha quedado porque nos ha cambiado la manera de pensar y de ver las cosas.
Dicho lo anterior, los grandes maestros  y padres de la literatura renacentistas, traspasaron las barreras de lo convencional, impusieron un estilo distinto y la libertad de expresión quedaría consignada, más adelante. Los grandes mentores que la aplicaron, han trascendido, por desobedecer un orden o estatuto que la gente decía o pensaba que estaba bien.
            El Decamerón de Giovanni Boccaccio, es un ejemplo. El autor representa la crudeza y realidad que se vivía en la Italia del siglo XIV, con la llegada de la peste y una crisis en aquel segmento de Europa; unos jóvenes afortunados huyendo de la epidemia llegan al campo y comienzan  una serie de narraciones con temática satírica,  amorosa, de dinero y aspectos profanos; relatan dichas historias con el objetivo de no aburrirse en aquel lugar, y hacer más amena su estancia.
Es necesario mencionar que Boccaccio tomó con referencia un estilo narrativo poco habitual la prosa; garantizando así la originalidad en la obra, dando una frescura tanto a los personajes, como al desenvolvimiento de la historia que es fácil de percibir.
            Esta es la perspectiva de una obra literaria, trascendente y reconocida ahora en nuestros tiempos. Pero ¿qué pasa con el ahora?
            Con la creación del cine, un arte revolucionario que hace eco y lleva a la pantalla historias inmortales de grandes escritores, no ha resultado difícil poder representar un sinfín de libros o historias, muchos menos ahora. Es fácil suponer que  El Decamerón  ha sido propuesto para ser exhibida en cines. Lo cual le da significancia al trabajo de Boccaccio (si la obra superase las expectativas deseadas).
            La realidad es que por más que se intente hacer una representación más grafica de un libro, es bastante difícil poder superar el escrito. No es un menosprecio al arte visual que expresa el cine; más bien es una crítica personal y acertada hasta cierto punto.
No hay problema alguno si un libro fuese llevado al cine, si al menos pudiera mantener la línea correcta e ilación de la historia. Y lo peor de todo es que en esta época de gloria, El Decamerón haya sido tomado como una burla.
¿Por qué digo todo esto? Hace poco me he enterado de una película llamada Virgin Territory, una terrible si no es que pésima adaptación de El Decamerón, expuesta en el 2008 contando con actores, conocidos en el ámbito de Hollywood.  Es verdad que la obra de Boccaccio era distinta por las temáticas que abarcaba, pero el concepto que retoma la película es vulgar, grotesco y de muy mal gusto. Hace parecer un juego la obra del escritor italiano. Cualquiera que viese la película (la cual no recomiendo), estaría de acuerdo que no tiene nada que ver con el contexto verdadero que el autor representó.
Con actuaciones pésimas de mal gusto, una comedia fuera de lugar, contenido erótico como única atracción del filme, Virgin Territoy resultó una completa ofensa para un gran escritor como lo que fue Giovanni Boccaccio. Tristemente, teniendo todas las herramientas para realizar una buena adaptación (que en realidad existen más), han creado una película sin ningún fundamento sin ningún parecido a la obra y en la cual lo único posiblemente rescatable son los escenarios donde se muestran paisajes italianos.
En conclusión. El cine tiene tintes bastante buenos y crea magia con sus historias. Pero es verdad que un libro igualmente lo hace, lo malo es cuando se hace uso del poder del cine para crear una adaptación superficial y mala.

By. C.A

DECAMERON, UNA CREACIÓN LLEVADA AL CINE
 No es que sea algo nuevo, la diferencia que ahora se presenta en este siglo moderno. Las personas, su ideología y perspectiva suelen ser más abiertas que antes. Es esencial con esto, decir que en la época medieval, la humanidad aún mantenía una mente cerrada y rígida por las jerarquías. Las maneras de expresarse eran acordes a la religión o a lo que lo que la burguesía imponía. Una situación bastante triste y difícil, para los que buscaban expresarse a como diese lugar. Pero… con la llegada del Renacimiento, este tipo de situaciones fueron disipándose, dando pauta a una manera distinta de pensar,  razonar y vivir.
            Hablando propiamente de la literatura, un arte consagrada a la palabra y manera de expresar, que mediante ella el autor para el lector, impone perspectivas y sentimientos en cada obra que estos crean. La literatura representa y se ha quedado porque nos ha cambiado la manera de pensar y de ver las cosas.
Dicho lo anterior, los grandes maestros  y padres de la literatura renacentistas, traspasaron las barreras de lo convencional, impusieron un estilo distinto y la libertad de expresión quedaría consignada, más adelante. Los grandes mentores que la aplicaron, han trascendido, por desobedecer un orden o estatuto que la gente decía o pensaba que estaba bien.
            El Decamerón de Giovanni Boccaccio, es un ejemplo. El autor representa la crudeza y realidad que se vivía en la Italia del siglo XIV, con la llegada de la peste y una crisis en aquel segmento de Europa; unos jóvenes afortunados huyendo de la epidemia llegan al campo y comienzan  una serie de narraciones con temática satírica,  amorosa, de dinero y aspectos profanos; relatan dichas historias con el objetivo de no aburrirse en aquel lugar, y hacer más amena su estancia.
Es necesario mencionar que Boccaccio tomó con referencia un estilo narrativo poco habitual la prosa; garantizando así la originalidad en la obra, dando una frescura tanto a los personajes, como al desenvolvimiento de la historia que es fácil de percibir.
            Esta es la perspectiva de una obra literaria, trascendente y reconocida ahora en nuestros tiempos. Pero ¿qué pasa con el ahora?
            Con la creación del cine, un arte revolucionario que hace eco y lleva a la pantalla historias inmortales de grandes escritores, no ha resultado difícil poder representar un sinfín de libros o historias, muchos menos ahora. Es fácil suponer que  El Decamerón  ha sido propuesto para ser exhibida en cines. Lo cual le da significancia al trabajo de Boccaccio (si la obra superase las expectativas deseadas).
            La realidad es que por más que se intente hacer una representación más grafica de un libro, es bastante difícil poder superar el escrito. No es un menosprecio al arte visual que expresa el cine; más bien es una crítica personal y acertada hasta cierto punto.
No hay problema alguno si un libro fuese llevado al cine, si al menos pudiera mantener la línea correcta e ilación de la historia. Y lo peor de todo es que en esta época de gloria, El Decamerón haya sido tomado como una burla.
¿Por qué digo todo esto? Hace poco me he enterado de una película llamada Virgin Territory, una terrible si no es que pésima adaptación de El Decamerón, expuesta en el 2008 contando con actores, conocidos en el ámbito de Hollywood.  Es verdad que la obra de Boccaccio era distinta por las temáticas que abarcaba, pero el concepto que retoma la película es vulgar, grotesco y de muy mal gusto. Hace parecer un juego la obra del escritor italiano. Cualquiera que viese la película (la cual no recomiendo), estaría de acuerdo que no tiene nada que ver con el contexto verdadero que el autor representó.
Con actuaciones pésimas de mal gusto, una comedia fuera de lugar, contenido erótico como única atracción del filme, Virgin Territoy resultó una completa ofensa para un gran escritor como lo que fue Giovanni Boccaccio. Tristemente, teniendo todas las herramientas para realizar una buena adaptación (que en realidad existen más), han creado una película sin ningún fundamento sin ningún parecido a la obra y en la cual lo único posiblemente rescatable son los escenarios donde se muestran paisajes italianos.
En conclusión. El cine tiene tintes bastante buenos y crea magia con sus historias. Pero es verdad que un libro igualmente lo hace, lo malo es cuando se hace uso del poder del cine para crear una adaptación superficial y mala.

By. C.A