Cena 1°
PÁR−
Vamos, Sempronio, que aún nos falta mucho para llegar. Ya me duele el cuello de
tanto arrastrarme, mira, mira acércate para que veas bien el raspón que me
salió acá abajo… ¡pero ven rápido!
SEM−
Ya voy, ya voy. Espérame poquito que el corte que me hicieron les salió chueco
y no puedo avanzar tan rápido.
PÁR−
Sí, ya sé. Todas esas desgracias nos pasaron por meter a Celestina en estas
cosas de enamorados.
SEM−
No comiences a hablar de esa hechicera, que por su culpa estamos así, pagando
el presagio que temía ocurriese desde que la metimos en eso.
PÁR−
(Aparte) Pero le seguiste la
corriente, y por creerle nos fregó.
SEM−
¿Qué dices que no te escucho? En fin, muévete que ya estamos cerca.
Cena 2°
CAL−
¡Ay de mí! ¡Ay de mí! Me encuentro tan desdichado e insignificante sin ti, mi
amada Melibea. Ni la muerte ha logrado arrancar este sentimiento que sólo tú
provocas en mi ser. ¡Qué injusta y miserable es la muerte por separarme de
ti!...
PÁR−
¿Ese que escucho es Calisto? ¿Será verdad? ¿Acaso él también está aquí?
SEM−
Todo indica que sí, como siempre está hablando solo y lamentándose porque no
está con Melibea. Hay que acercarnos a
ver si nos reconoce.
PÁR−
¡Señor Calisto! ¡Qué sorpresa encontrarnos en este miserable e inmundo lugar!
CAL−
¿Quién me habla? ¿Es Pármeno, fiel sirviente que me abandonó junto con
Sempronio en las visitas que hacía a mi querida Melibea? ¿Pero dónde estás que
no te veo? ¿O será acaso mi cabeza que juega con esta alma destrozada y condenada?
PÁR−
¡Acá abajo, señor!
CAL−
¡Oh! ¿Pero qué hacen sus cabezas despegadas de sus cuerpos? Qué desagradable
escena se presenta frente a mí.
SEM−
Fue el resultado del castigo que nos dieron por haber matado a Celestina, esa
maldita mujer, traicionera y embustera.
CAL−
Qué desgracia esto que me cuentan. Pero bueno, ya que sé por qué se encuentran
en tales condiciones… ¿qué hacen por aquí?
PÁR−Creemos
que nos dirigimos al mismo lugar… ¿para llegar a tu destino tienes que
continuar todo derecho hasta ver una escalera que conduce a un agujero?
CAL−
Así es, Pármeno, pero ¿cómo lo sabes? ¿tú y Sempronio también van para allá?
SEM−
Sí, y más vale que nos apresuremos porque la plática nos ha retrasado más de lo
permitido.
Cena 3°
MEL−
Lo sabía, Celestina. Sabía que estarías en la misma situación que yo, en el
mismo lugar; condenadas a purgar juntas las faltas que cometimos.
CEL−
¡Calla, mujer impura! No nos hagamos tontas, bien sabíamos cuál sería nuestro
destino, pero lo que nunca imaginé fue nos tocaría transitar este camino
juntas. Aunque admito algo de culpa en que tú estés aquí, pero ya qué, lo
hecho, hecho está.
MEL−
No hay culpables en esto, porque el amor que sentí –y que sigo sintiendo− por Calisto fue lo más
maravilloso que me pudo haber pasado, y si por eso estoy aquí, con gusto lo
volvería a vivir todo. Todo fuera por volver a verlo, a tocarlo, a amarlo.
CEL−
¡Silencio, mujer! que alguien se aproxima. Ocultémonos detrás de esa roca.
MEL−
Se aproximan, esa voz y esa figura se me hacen conocidas. ¡¡Pero qué digo!! ¡Es
Calisto, Celestina! Mi amado Calisto, al que vine a buscar y al fin he
encontrado. Dichosa yo porque ya no tengo más qué penar. Calisto, Calisto,
amado mío, soy yo, Melibea, ven a mis brazos para que así mitigues esta pena
que he sentido desde el momento en que te alejaste de mí por siempre, y el cual
no quise que durara un día más, por eso decidí venir a buscarte.
CAL−
¡Oh! ¿Me estaré volviendo loco? ¿O es verdad que mi amada Melibea está aquí,
hablándome para que corra a sus brazos y permanecer juntos para toda la
eternidad?
CEL−
Pero no viene sola, señor, y siento ser yo la que dé la mala noticia.
MEL−
¿A cuál mala noticia te refieres, hechicera?
CEL−
Pues que tú y Calisto nunca podrán estar juntos de nuevo. Él murió porque le tocaba, en cambio tú lo hiciste
contra la naturaleza cuando aún no era tu turno. Así que van a destinos
diferentes. De hecho, esto no debió de haber pasado, no se suponía que se
encontrarían en ninguna parte de este camino.
PÁR−
¡Pero si es la puta vieja que nos condenó a este lugar!
SEM−Mira
nada más en donde nos vinimos a encontrar, otra vez, y con la misma rabia que
antes de darte tu merecido.
CEL−
¡Mal nacidos sean los dos! Y bien merecido tienen lo que les pasó, porque por
su culpa ya tengo otra rajada en el cuerpo, pero esta vez con el arma asesina
aún encajada, la cual permanecerá allí por siempre. Maldito el día en que
decidí hacerles caso, fue mi sentencia de muerte, y al parecer la suya también
al pensar en mí en este negocio.
PÁR−
¡Calla, maldita mentirosa, codiciosa! Que te merecías eso y más.
MEL−
Celestina, después arreglas tus asuntos con estos dos, ahora explícame de dónde
surge esta valla que no permite que Calisto y yo estemos juntos.
CEL−
Es por lo que te dije anteriormente. Y para que te hagas a la idea que nunca
más estarán juntos.
SEM−
Parece que la escalera ya está aquí, Calisto, señor es hora de irnos. No hay
tiempo para despedidas, empújalo Celestina, haz algo bien y envíanos a todos a
nuestro destino.
CAL−
(Aparte) No puede ser, la escalera se
ha convertido nuevamente en la razón por la que me separo de Melibea, mi amada,
la más bella estrella en el firmamento, y ahora la más lejana para mí.
Alejandra Zapata
No hay comentarios:
Publicar un comentario